
Era un día como otro cualquiera... en el patio del cole, los niños se entretenían, cada cual con su grupo de amigos, haciendo cada uno lo que les apetecía en ese momento.
De repente, mi vista se paró en una niña.... estaba sola, sentada, no jugaba con el resto, pero sí les miraba con desconsuelo.
Era extraño ya que sus amigos de siempre estaban jugando.
Me acerqué, me senté a su lado, y le pregunté.... ¿que pasa? ¿porqué no juegas? ¿ te sientes mal?.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, entre hipos y sollozos,, me trató de hacer entender que su amiga de siempre le había dicho que ya no lo eran..... ¡¡¡¡Que ya no eran amigas!!!!
Traté ante todo de sosegarla, calmarla y serenarla. Una vez casi conseguido le pregunté que por qué se habían enfadado. Me contó la razón, ahora no la recuerdo, solo sé que había sido por algo sin importancia, una discusión tonta.
Mientras me contaba la historia se fué calmando. Estando así, mas serena, le pregunté: ¿Realmente es tan importante tu amiga para ti?. Su respuesta fue inmediata y contundente: Claro que sí, ¡ ES MI MEJOR AMIGA!
Llegados a este punto, solo me quedó la opción de interceder entre ambas. Llamé a la que jugaba y cuando se acerco a nosotras le pregunté: ¿Crees que merece la pena perder a tu amiga, por algo de tan poca importancia?.
Las niñas se miraron a los ojos, se sonrieron, y sin mediar palabra se cogieron de la mano y marcharon a jugar juntas, como siempre lo habían hecho.
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Desde muy pequeños, acostumbramos a dejarnos llevar por nuestros impulsos, sin pararnos a pensar antes, si realmente nos vale la pena, pagar a tan alto precio las consecuencias que nuestros actos.
Un amigo es un tesoro, al que debemos cuidar, mimar y apoyar siempre.
Tu amigo jamas te dará la espalda.
Ser amigo es aceptar a tus amigos tal y como son, con sus defectos y sus virtudes.

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